Ahora sí, un mundo nuevo
Su agonía ya estaba anunciada. El error es ahora intentar resucitarla. La avaricia corroe a pequeña y magna escala y la viciada civilización capitalista estaba ineludiblemente condenada a su fin. La equivocación es pretender ahora, a toda costa, mantenerla viva. Los mercaderes ya ensayaron un mundo que ha fracasado estrepitosamente, ahora llega el turno de la única economía sostenible a largo plazo: la economía solidaria. Sobre las cenizas de una civilización caduca, levantemos por fin una casa para todos, no sólo para unos pocos privilegiados.
¿Por qué no rehacer el mundo de nuevo, ahora que se derrumba el viejo? ¿Por qué no intentar vivir por y para el beneficio del otro, del que más lo necesita? ¿Por qué no artesanía manual, comercio solidario, trueque de servicios, redes de intercambio, bancos sin usura, progreso y prosperidad para todos…? ¿Por qué no comunidades en buena medida autosostenibles, libremente intervinculadas, unidas globalmente por las tecnologías de la comunicación? ¿Por qué no salir todos de nuevo al huerto e intercambiar excedentes y regalar también cuota de cosecha? ¿Por qué no empezar a hacer pequeño, humano y por lo tanto sostenible, todo lo macro, primero las fábricas y ciudades, después los hospitales, los mercados, las escuelas…? Por que no empezar a pensar en clave colectiva y no en axfisiante clave personal? ¿Por qué siempre un compás de espera para los sueños? ¿Por qué no ahora un mundo de hermanos?
No sabemos de economía, pero sí que el sol siempre da y nunca se agota, que las ramas del peral se doblan en su donación del dulce fruto, que todos los reinos se inmolan y ofrecen para el desarrollo del hombre. Aún y con todo el ser humano tiene pendiente la lección de dar, aún con todo seguimos acumulando y depredando… Aún con todos los ejemplos de donación que a cada instante nos regala la Madre Naturaleza, seguimos principalmente pensando en nosotros mismos…
No sabemos de economía, pero sí nos alcanza a comprender que esta situación caótica, esta honda depresión, este desplome en vertical de los parkes mundiales es debido a una fiebre de enriquecimiento rápido, a una voracidad sin límites de negociantes sin escrúpulos, especuladores, vendedores de hipotecas basura ('subprime')…, es un repunte salvaje de un sistema ya de por sí insostenible, es la culminación irracional de un modelo social, carente de mínima ética y sin futuro alguno.
No sabemos de economía, pero sí nos consta que desde una pequeña pantalla no se puede manejar vidas ajenas, especular con el sudor de los más humildes. La globalidad debe significar más opciones de intercambio, más posibilidad de socorro y ayuda al necesitado, no más usura y control de los poderosos.
La comunidad constituye una cadena de interdependencias, una inmensa red de servicio y mutua donación. La comunidad progresa cuando la parte se sacrifica por el conjunto y no viceversa. El sistema capitalista estaba basado en el lucro de los menos a costa de la mayoría. Los sistemas socialistas eran o son igualmente capitalistas, sólo que la patronal viste de funcionarios, los obreros son aún más número que personas y en su ámbito la libertad y creatividad inherente al ser humano, queda sino totalmente anulada, sí gravemente mermada.
Su historia ya se agotado. Sus intentos ya han traído suficiente carga de dolor colectivo. Pasó ya el turno de mercaderes e ideólogos, de los profetas neoliberales y de los partidos únicos. La crisis puede ayudarnos a cuestionar otros innumerables y mayúsculos errores civilizacionales: por supuesto la energía contaminante, pero también la arrasadora agroindustria, el trabajo maquinal en industrias tóxicas, el culto al coche, la crueldad de los mataderos, el ocio alineante… Es la hora de repensar todo. Es la hora de la gente, es el momento de la humanidad expresando y manifestando cada día, cada quien desde su rincón, desde su comunidad en la naturaleza, su inmenso potencial de crear y de servir. Es la hora de las pequeñas ciudades y pueblos a escala humana, a la vez partícipes y conscientes del devenir colectivo de la humanidad.
El crack no es económico, sino civilizacional. El pánico en Wall Street no marca el final de un período de bonanza económica, no señala la necesidad de implementar reajustes… El infarto de los brokers evidencia el final de una civilización basada en el exclusivo beneficio propio. Los números rojos, muy rojos en los salones de las principales bolsas mundiales cantan el ocaso de todo un paradigma individualista, ajeno al devenir comunitario.
Cae una economía que no era sostenible, ni en cuanto a relaciones humanas, ni en cuanto a su relación con la naturaleza. Ahora toca levantar otra sobre las bases de la mutua ayuda y la solidaridad. ¡No vale socializar pérdidas, cuando pingues beneficios de muchos años nunca se compartieron! ¡No más parches para que todo siga igual, señor Bush! ¡No más inyecciones a un cuerpo moribundo, no más reservas de la ciudadanía para sacar a flote a quienes más abusaron!¡No nos afanemos en recuperar lo irrecuperable! Una civilización enferma ha de morir para que renazca otra.
Se derrumba un sistema materialista, individualista e irresponsable. Es hora de poner a caminar nuestros sueños. Se nos presenta la oportunidad de ensayar otro mundo sobre los principios de dar y servir, sobre las bases de la coocreación y cooperación. Ningún futuro basado en el principio de solidaridad universal puede fracasar. Una nueva civilización brillará a nada que todos los agentes económicos se empeñen en el beneficio colectivo.
Sólo se sostiene a largo plazo aquello que opera a favor del conjunto, del bien común, de la vida… El beneficio inmediato a cualquier precio, humano y medioambiental, además de evidenciar soberana avaricia, revela también palmaria ceguera. Cuanto mayor es el abuso, más pronto se desata la crisis, más acelerada es la degeneración y por lo tanto la muerte. Caen primero quienes más se aprovecharon, pero terminarán por sucumbir todas las corporaciones que no se ajustan a los principios de equilibrio y armonía universales.
Quien conoce las leyes superiores, las del amor verdadero, no observa sorpresa en las noticias económicas que nos sacuden estos días. Estas leyes son ineludibles, funcionan para toda la vida, en todos los reinos, en todos los universos. La humanidad seguirá dando bandazos, sufriendo crisis mientras que no concluya que nada que no se ajuste al principio elevado de la cooperación y la solidaridad es sostenible. El concepto, felizmente tan de moda, como el de la sostenibilidad no expresa sino observación de las leyes superiores, las verdaderas, no necesariamente las del mundo.
Ahora sí, un nuevo mundo. Dejemos de sangrar a la Madre Tierra, dejemos de sangrar al hermano. No pase sin su debido aprendizaje esta grave depresión financiera global, esta profunda crisis no sólo económica, sino también de valores, cultural y vital, esta oportunidad única para por fin empezar a levantar mano con mano, corazón con corazón, una civilización más justa, creativa, elevada, fraterna...
| Satoor era un verdadero campeón de las Artes Marciales de su escuela, pero aún a pesar de su destreza, sabía que todavía no conocía plenamente las Artes Marciales que él en su corazón presentía. Y aunque dominaba el manejo de los músculos y sabía de la rapidez y del coraje, también intuía que carecía de algo importante, algo... que quizá tenía que ver con la conciencia despierta.
Llegó el día en que decidió cambiar su vida y dirigirse a un lugar en las montañas en el que se hallaba un conocido maestro de nombre Budham. Satoor pensaba que aunque dicho maestro no era precisamente el más famoso, quizá porque nunca asistía a competiciones, presentía que era el único capaz de transmitir y despertar lo que en tantas ocasiones atrás había percibido.
Cuando se presentó ante las puertas de aquel monasterio, en donde hombres y mujeres eran fuertemente entrenados, pidió a Budham que le admitiese.
Tras escuchar el relato de Satoor, esbozó una enigmática sonrisa y dijo:
"No estás preparado para asimilar la enseñanza de este lugar. No sabes de paciencia y no debo sembrar la semilla en una tierra insuficientemente trabajada".
"Pero Maestro", interpeló Satoor, "haré lo que me pidas, vengo desde muy lejos y he llegado aquí tan sólo con el deseo de aprender los secretos milenarios de la flexibilidad y de la fuerza".
"Por lo que te observo”, respondió Budham, “No tienes desarrollada tu templanza, eres caprichoso y tu mente está llena de espejismos y burbujas ilusorias. No sabes aplazar tus deseos y además eres un inmaduro para los frutos del alma. Así que lárgate", dijo dando media vuelta y cerrando aquella enorme puerta.
Satoor se sentía frustrado y deprimido, sin embargo seguía percibiendo que allí, tras aquellas puertas se enseñaba lo que siempre había presentido. Por tal motivo, decidió sentarse y esperar pacientemente junto al umbral de la entrada.
Pasaron tres días y tres noches en los que Satoor se mantuvo ante el umbral, hasta que al final... Budham apareció de nuevo y dijo: "Te he dicho que no estás preparado".
"Pero Maestro", dijo Satoor. "Juro por mis padres que obedeceré sin rechistar lo que me ordenes, por difícil que esto me parezca".
Budham, mirándole fijamente, dijo con severidad: ¿Prometes realmente obedecer sin rechistar lo que aquí se te ordene durante un período de 7 años?"
"Sí, sí, lo juro, lo juro", dijo Satoor con una ráfaga de esperanza en su rostro.
El Maestro abrió la puerta y Satoor cruzó el umbral.
Cuando transcurrieron los dos primeros años, Satoor seguía haciendo las labores más básicas de la cocina y de la limpieza de aquel enorme lugar, sin todavía haber pisado una plataforma de instrucción. Sin embargo, pensaba para sus adentros: "El Maestro debe estar probándome, por lo que debo aguantar. Seguro que, de un momento a otro, comenzará mi enseñanza".
Cuando habían transcurrido otros dos años sin salir de aquel lugar, Satoor seguía sirviendo en la casa. El joven limpiaba, cocinaba, arreglaba el jardín y cuidaba de las labores más modestas. Y aunque ya no se mostraba tan inquieto e impaciente, a veces se decía:
"No sé, no sé, creo que he caído en manos de un sinvergüenza que me explota. Maldita promesa que le hice. Desde luego, ¡Qué gran error he cometido cayendo en manos de este caradura que encima ni me habla!".
Habiendo transcurrido ya cerca de los cinco años de permanencia en aquel lugar, Satoor se encontraba tan adaptado que ni recordaba lo que había venido buscando. Podría afirmarse que las Artes Marciales y sus juveniles objetivos de llegada le dejaban indiferente. Sentía que una parte ilusionada de sí mismo había sido disuelta, y no contaba ya más que con un inmediato presente.
... Aquella tarde, aparentemente como las demás, encontrándose en el jardín, apareció de repente Budham blandiendo un gran bastón de bambú y, sin venir a cuento, le asestó un formidable golpe en la espalda. Hecho esto, desapareció rápidamente sin decir nada.
"¡Andá.! ¡Si además de explotador está loco el viejo imbécil éste!", se dijo Satoor horrorizado.
Al día siguiente por la noche, encontrándose Satoor dormido fue, de súbito despertado por la nueva llegada de Budham que le propinó un bastonazo en la cabeza, haciéndole ver todas las estrellas del firmamento. Hecho esto se retiró rápido y silencioso...
Satoor se dio cuenta que si quería salvar su vida de manos de ese loco furibundo, tenía que estar atento... tenía que guardar una sostenida alerta.
A los pocos días y encontrándose lavando trastos en la cocina, Budham se presentó de improviso a su espalada y trató nuevamente de golpearlo, pero, ¡Oh sorpresa! Satoor que ya empezaba a despertar, lo intuyó repentino y, girando vertiginoso paró el formidable golpe del maestro con una cacerola. Budham desapareció de inmediato.
Poco a poco, tanto en las noches como en los días, Satoor presentía. Se podía decir que percibía con sus sentidos internos, de pronto abiertos, las llegadas furtivas de Budham, antes de que los golpes llegaran a su dolorido cuerpo. Satoor vivía en un estado acrecentado de atención y ninguna labor que realizaba ocupaba tanto su consciencia como para no percibir la llegada sorpresa de los sucesos que lo probaban.
Y así día a día... abriendo cada vez más su intuición y flexibilidad, expiró el plazo que había jurado mantener. Fue entonces cuando Budham, de manera insólitamente amorosa y con un brillo de lucidez y complicidad en sus ojos, le dijo:
"Bien mi querido Satoor. Has finalizado ya tu aprendizaje y estás preparado para enfrentar los tres peores enemigos del guerrero interior:
LA AUTOCOMPASIÓN, LA DESATENCIÓN Y LA IMPACIENCIA
Lo que aquí has aprendido, de hoy en adelante lo enseñarás sobre la Tierra. |
Etiquetas: Taichichuan (una vision)
La Nueva Era "light" versus La Nueva Era revolucionaria
0 comentarios Publicado por Taichiman en sábado, enero 03, 2009
NUEVA ERA “LIGHT”
versus
NUEVA ERA REVOLUCIONARIA
“No queremos ser como los Blancos Bárbaros, que pueden estar felices y llenos de alegría cuando sus hermanos están infelices, tristes. No nos queda, por lo tanto, otra alternativa que la de recoger la Flecha Dorada, luchar y morir”
Cacique Tatunca Nara, en “Crónicas deAkakor”
Llueve sobre la ciudad latinoamericana, supo escribir el añorado Alejandro Vignati. Acorde al melancólico clima, flotan en el aire las últimas notas del más porteño de los tangos, el “Adiós, Nonino” de Piazzola. Y con la vista fija en el empañado vidrio de la ventana de este bar dejo que el café se enfríe sobre la única mesa posible con una vista tan privilegiada como mirar por sobre el hombro de la vida para recapitular lo hecho y lo pendiente, lo ganado y lo perdido.
Llueve sobre la ciudad latinoamericana. Y con la fatiga de algo más de cuatro décadas de existencia pero cargando sobre las espaldas dos milenios de lucha contra el oscurantismo, uno se gana el derecho de hacer un alto en el camino. Allá, lejos en el tiempo y fresco en el recuerdo, la batalla que, como tardíos diletantes del mayo del ‘68, hacíamos en noches setentistas de barricadas, encendidos discursos estudiantiles y ágiles zapatillas para escapar de la omnipresente gaseada policial, o bien amanecer resolviendo los problemas del mundo en un café al que llegábamos con un libro de Freud bajo una axila y uno de Marx bajo la otra. Sí, tardío revolucionario setentista que perdió el último expreso a Las Pléyades, la lucha mudó del cerebro al corazón. O quizás, a un inasible y más profundo lugar, aún.
Llueve sobre la ciudad latinoamericana. Y estimula, ciertamente, descubrir que se han conquistado tantos amigos, defendido tantas ideas, aprendido tantas cosas nuevas, descubierto tantos espíritus evolucionados. Pero enoja (ni cansa, ni decepciona, ni detiene, ni aburre siquiera) descubrir también tanto mercachifle de la desesperación ajena, tanto vendedor de ilusiones, tanto delirante maníaco disfrazado de Maestro Ascendido. Seguro es tiempo de llamar a las cosas por su nombre.
Y en esta Nueva Era, esta Era de Acuario, Era de la psicodiversidad, la comprensión holística, la liberalidad intelectual, la flexibilidad espiritual, en esta Era donde dejas que el Sol entre, los Barones de las Tinieblas han inficionado con su micelio venenoso. Porque (cuando menos para un servidor) la lectura es clara: era necesario destruir la Nueva Era.
La primera oleada de saboteadores, disfrazados con los oropeles de un deslucido academicismo de hojalata, desembarcó en espacios universitarios y periodísticos (por aquello que da pátina de culto e informado sentar un doctor en el panel aunque el conductor del programa no sepa distinguir a Mario Bunge de Bunge & Born): eran los refutadotes y escépticos “profesionalizados”, con discurso científico y mentalidad fanática. Pobres idiotas útiles a los fines de Aquellos que, al comprobar lo inútil de esta estrategia (miles de horas de refutaciones no hicieron mella en el cuerpo monolítico de los defensores de la Nueva Era) obligó a los enemigos de ésta a adoptar su propio “Plan B”.
El porqué y el cómo de la destrucción desde dentro
En primer lugar, ¿por qué debería haber intereses creados en la destrucción ideológica de la Nueva Era?. Las respuestas son sencillas:
Pérdida de concentración económica: las multinacionales y monopolios de la salud, por ejemplo, necesitan que el masivo público ignore y relativice las Terapias Alternativas; cuando la vecina de al lado sepa que cierta imposición de manos, o una tintura madre o una pirámide tienen por lo menos igual efecto analgésico y muchas veces tan terapéutico como ese medicamento donde el noventa y ocho por ciento del precio de venta en el mercado se reparte entre especialistas en packaging, merchandising y marketing, entre folletería color, “retornos” a los médicos que lo recetan, ágapes pantagruélicos en lujosos hoteles y bonitas promotoras, el gran negocio de los emporios farmacéuticos se va al diablo.
Y para qué hablar de las grandes corporaciones que explotan recursos no renovables, los que encuentran en la idiosincrasia ecológica tan propia de Acuario un enemigo notable. Y las transnacionales religiosas, para las cuales el criterio atomizado y espiritualmente transversal de la multifacética Nueva Era es el principal escollo, que acumulan poder encolumnando ovejas. Y los políticos y militares, y los usureros, personeros de un materialismo decadente. Y los sicarios del sistema financiero, para quienes la solidaridad y la mano tendida sin esperar nada a cambio, por mera responsabilidad moral y espiritual es casi una invocación demoníaca. En síntesis, el “status quo”, corporativo o no, que se ve en peligro ante el sano individualismo de estas corrientes.
Siendo entonces un hecho que existen demasiados ámbitos de poder que se ven inevitablemente perturbados por la Nueva Era, y ante la evidente inutilidad del conflicto frontal, surge la inevitable alternativa: tratar de destruirla desde dentro. Y esto es lo que está pasando.
¿Cómo?. Ustedes, terapeutas, ustedes, ovnílogos, ustedes, parapsicólogos, metafísicos, facilitadores de Mercaba e Ishas, Rebirthing o EMF Balancing, observen a su alrededor. Con la mercantilización elitista de estas disciplinas, con su sujeción a las reglas del Sistema por antonomasia: la oferta y la demanda.
No otra cosa hay detrás de cursos sólo accesibles a bolsillos desahogados, una Nueva Era para señoras adineradas y muy producidas, una Nueva Era fuera del horizonte de obreros y empleadas domésticas, y no hablemos de desocupados y quienes habitan por debajo del nivel de pobreza. Una Nueva Era con talleres a cuatrocientos dólares y seminarios en hoteles cinco estrellas. Donde tantos se creen el perverso discurso del premio kármico (“si yo puedo pagarlo, es porque espiritualmente me lo habré ganado. Si tú no puedes, es que por alguna razón no lo has ganado o no ha llegado tu momento; ergo, yo estoy por delante y por arriba de ti en evolución espiritual”).
Mentiras de feria turca. “Maestros Ascendidos” trajeados y con corbata que dan turnos arancelados y “Maestras Iluminadas” que visten siempre de negro (o de blanco, o de violeta) porque de lo contrario se “desfasan vibratoriamente” (el problema no es que se diga semejante idiotez; ¡el problema es que haya quienes lo crean!). Cursos de fin de semana de lectura de Registros Akhásicos (¡qué pena de tiempo perdido el de los antiguos lamas, no tan sabios como los creíamos ya que no fueron capaces —como sus contemporáneos receptores de conocimiento— de condensar en cuarenta y ocho horas lo que les llevaba décadas desarrollar!).
Esta es la Nueva Era “Light”. Hermandad de fenicios de lo cósmico, aliados al marketineo gráfico y televisivo (el único canal de cable temático reserva más espacio a quienes facturan o se ganan la amistad “off the record” de productores y animadores que una intención transparente de difundir protagonistas por mérito propio). Su aromaterapia se confunde con Kenzo y Christian Dior, sus viajes astrales prescinden sólo por un momento de sus último modelo, en fin, su discurso redentorista no siente la asfixia de tener que pagar la renta y no tener con qué.
¿No hay Nueva Era para los marginados, los excluidos y los desposeídos?. ¿No hay talleres y cursos realmente accesibles para la masa?. Sí, los hay, pero la propia perversidad del Sistema los excluye: entre otras cosas, aquellos no disfrutan Internet. Pero a los sodomitas de la New Age ello poco o nada les importa: hacen ostentación de sus viajes por el mundo, se toman fotos junto a Sai Baba con le dernier cri en cámaras digitales, preconizan un individualismo tendencioso que haría revolcar a Khrisnamurti en sus cenizas y, en definitiva, siguen infectos del mismo cholulismo: creer que en este ámbito los más sapientes son los más “exitosos”.
Esta es la Era de Acuario frívola, consumista, pasatista, superficial. La misma mierda de siempre, claro que en envase distinto. Y, entonces, no es la Nueva Era. Porque la Nueva Era será revolucionaria, o no será. Porque si tomamos este camino es porque elegimos ser francotiradores del Conocimiento, cuestionadores de paradigmas, verdaderos revulsivos sociales. Pero, ¿lo somos?. Sólo lo seremos si sentimos el “fuego sagrado” de compartir lo que aprendimos, si hacemos de nuestro espacio aquella barricada revivida y contestataria, y profesión de fe de nuestro discurso. Reconociendo nuestra necesidad visceral de ser subversivos. El camino de los ’70 estuvo plagado de errores. Este, que elegimos ahora, quizás no. Pero ambos comparten el mismo idealismo esencial, el deseo íntimo de cambiar el mundo, la solidaridad por los hermanitos que espiritualmente la vida nos presenta, la repugnancia al dedo digitador que nos explica cómo deben ser las cosas.
En definitiva pero más que nunca, se trata de reconocer dónde se está parado: o atendiendo los puestos de venta en el patio del Templo, o caminando detrás del asno con una rama de olivo entre las manos.
Llueve sobre la ciudad latinoamericana...
Gustavo FernándezEtiquetas: El nuevo paradigma
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