XLVIII
Cuando el hígado enferma, los ojos no pueden ver;
cuando los riñones enferman, los oídos no pueden escuchar.
La enfermedad está en un lugar donde no se ve,
pero ciertamente sus efectos se pueden ver.
Así, el hombre de virtud,
si no desea que sus faltas se muestren al exterior,
ciertamente primero las corregira en su interior.
Hong Yinming

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